Los estudiantes que han sacudido Serbia. El País 20.10.2026
Eulogia Merle
Tamara Djermanovic. Artículo publicado en El País (Opinión) el 20 de octubre de 2026.
Serbia está a punto de convertirse en el primer país de Europa del siglo XXI en celebrar elecciones como consecuencia de una rebelión estudiantil y con la candidatura que no firma ningún partido político, sino La lista estudiantil, compuesta por 250 nombres sin filiación partidista. El próximo 25 de octubre, los jóvenes serbios que llevan casi dos años de protestas contra el régimen de Aleksandar Vučić, su Partido Progresista Serbio (SNS) y la corrupción desmesurada que le atribuyen, saldrán a competir con políticos profesionales y sus agrupaciones. La mayoría de la oposición actual se ha retirado del plebiscito para dejar protagonismo a quienes han conseguido tambalear la autocracia del poder actual. “Luchamos sin consignas políticas por un Estado con instituciones fundamentales sólidas y por una sociedad ordenada y democrática, donde no haya lugar para la corrupción que condujo a la tragedia de Novi Sad” anuncian los universitarios, que tras casi dos años de lucha han conseguido que el Gobierno convoque elecciones anticipadas.
Las propias protestas se originaron por el derrumbe de una marquesina recién renovada en la estación ferroviaria de Novi Sad (1 de noviembre de 2024), que mató a 16 personas. Desde entonces se exige al régimen que aclare los hechos, ante las sospechas bien fundamentadas de que su forma de actuar —con mordidas descomunales y contratos a dedo con empresas que después no hicieron bien su trabajo— está detrás del trágico desenlace. Libres de consignas políticas y de proclamas nacionalistas, los universitarios han conseguido despertar esperanza en un país donde el pueblo “ha pasado demasiado tiempo entre sufrimientos, violencias e injusticias, y ha cogido demasiada costumbre a aguantarlo con súplicas gruñidas en silencio o con protestas en voz alta, depende de las épocas y las circunstancias”, en palabras de Ivo Andrić.
La campaña electoral ha tomado formas de expresarse inusuales: los manifestantes, que estudian carreras bien diversas, proyectan su perfil académico para idear vídeos, pancartas y discursos cuyo mensaje converge en una única idea: tener futuro en su propio país. Recorren Serbia en bicicleta o a pie llevando su mensaje electoral. Su “Queremos quedarnos en Serbia” adquiere un sentido adicional cuando se sabe que más de 700.000 serbios, la mayoría profesionalmente bien preparados, han abandonado el país en las últimas décadas; es decir, un 10% de la población total. No son solo cifras: un país que invierte recursos en una formación académica totalmente gratuita, desde el nivel preescolar hasta los estudios universitarios, para luego exportar a sus científicos, ingenieros, médicos y otros profesionales, pierde un capital incalculable en términos económicos, demográficos y humanos.
“Como aquí cada 30 años hay un conflicto de grandes dimensiones, la gente preparada se va, y su lugar lo ocupan los del bosque”, describía con sus metáforas mi abuela materna una situación semejante, en la que la fuga de cerebros provoca un desequilibrio social que facilita que puestos de poder ocupe gente no suficientemente preparada y aún menos dispuesta a aceptar el pluralismo político. En sus 94 años de vida mi abuela fue testigo de cinco guerras en el país en el que le tocó vivir, denominado Serbia, luego Yugoslavia y finalmente otra vez Serbia.
En este contexto, el logro más importante de estas protestas estudiantiles, a parte de conseguir elecciones anticipadas, ha sido romper la gran brecha entre el campo y la ciudad que ha marcado la historia de esta parte de los Balcanes. Con su ida al pueblo, los jóvenes han conectado con la población de las provincias y de las zonas rurales; es decir, con aquellos que normalmente no votan o no tienen información fidedigna sobre lo que está pasando en su país a nivel político. El control de los medios de comunicación oficiales es total, pero los estudiantes con su presencia física han denunciado “lo que está podrido en Serbia”, como decía una de sus proclamas, aludiendo a Hamlet. El primer año, los manifestantes emprendieron caminatas masivas por todos los rincones del país. Les dan la bienvenida en el campo y en las pequeñas urbes, al borde de las carreteras y en hogares particulares. También pedalearon hasta Estrasburgo y Bruselas en primavera de 2025 para llevar su mensaje a las instituciones europeas. Ahora, en vísperas de las elecciones, pretenden converger de nuevo, a pie o en bicicleta, en las grandes manifestaciones convocadas para este 22 de octubre en Belgrado.
¿Se puede esperar que el propio Vučić, a pesar de todas las revueltas y acusaciones, se retire pacíficamente si en los comicios gana la lista estudiantil? Las prácticas que ha mostrado su régimen a lo largo de los 14 años de su mandato hacen pensar todo lo contrario. En las elecciones municipales del pasado mes de marzo su Partido Progresista Serbio desplegó grupos ultraviolentos para intimidar a estudiantes, periodistas y otros civiles, con una policía que actuó de forma coordinada con los agresores, en lugar de proteger. Incluso irrumpieron al rectorado de la Universidad de Belgrado, violando la autonomía de la Academia. Se teme que en el contexto de estas próximas elecciones haya maniobras del régimen acompañadas de violencia.
“No van a conseguir que tengamos miedo”, declara uno de los portavoces universitarios, el estudiante del grado en Biología Arsa Stojanović. Y cuando explica por qué la lista de estudiantes no incluye a candidatos que pudieran asociarse a una ideología, señala: “Se trata de personas de círculos académicos y cívicos que durante los últimos dos años nos han brindado apoyo y asistencia, o han luchado junto a nosotros”. El régimen no se atreve a atacar directamente a los estudiantes, sabiendo que casi todos los hogares serbios tienen a alguien entre los manifestantes, pero intenta desacreditar a las personas que eligieron para representarlos en una lista de más de 250 nombres.
Vučić aspira ahora a ser primer ministro tras dimitir como presidente, ya que la Constitución le impedía optar a un tercer mandato presidencial, copiando la táctica de perpetuarse en el poder practicada por Putin, su amigo o no según convenga. Hablando de alianzas políticas, no deja de ser curioso que desde la comunidad europea se haya tratado al presidente autócrata con benevolencia y hasta con complicidad. Y ante las protestas estudiantiles, que no buscan otra cosa que acabar con la corrupción y con los fuertes lazos entre el estado y el crimen organizado, ni siquiera se ha abierto el espacio informativo que una rebelión duradera de los universitarios europeos merecería. Solo recientemente, cuando el criminal de guerra Ratko Mladić fue sepultado en Belgrado con honores de Estado, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, decidió no visitar Serbia durante su gira por los Balcanes Occidentales. ¿Significa esto que desde Bruselas cambiarán su retórica hipócrita dirigida a Serbia, que hasta hace poco se reducía a: “No tenéis a nadie mejor que Vučić”? “Todas las campañas electorales en la era Vučić han sido sucias, caracterizadas por la palabrería propia de los tabloides afines al régimen, a pesar de que él ha intentado proyectar otra imagen”, comenta el periodista serbio Boško Jakšić. Obtener un veredicto a favor o en contra del gobierno actual liderado por Vučić es el objetivo principal de estas elecciones, considera este analista político: “Lo que está en juego es la propia supervivencia del país; o bien sigue deteriorándose tal como lo ha hecho hasta ahora, o bien las cosas cambian. Todas las demás cuestiones latentes —si estamos a favor o en contra de la UE, cuál es la postura sobre Kosovo, etcétera— podrán abordarse una vez que la situación se normalice”.
Los estudiantes han conseguido devolver una confianza casi perdida en el devenir democrático de Serbia: además de cuestionar el poder actual y reclamar valores humanos esenciales frente a cualquier ideología, han despertado a la sociedad de su letargo. Aunque entre sus filas hay divisiones y también orientaciones más o menos nacionalistas, expresan una conciencia clara: la larga transición de Serbia (tras la era Milošević, que sumió a toda la región en diversos conflictos bélicos; el breve emerger democrático posterior protagonizado por Djindjić, primer ministro asesinado en 2003; y el retroceso democrático durante el gobierno del Partido Progresista Serbio de Vučić) necesita otros rostros, otra energía, otra perspectiva. En las elecciones que tendrán lugar el 25 de octubre de este año, solo una semana antes del segundo aniversario de la tragedia de Novi Sad, no solo se juega el futuro de Serbia. No olvidemos que se trata de un país que, en los últimos siglos, ha protagonizado episodios históricos dramáticos y de gran envergadura para Europa entera.



